El colapso de dos íconos

Barcelona SC y Emelec, dos clubes que alguna vez fueron orgullo de Guayaquil y del Ecuador, están sufriendo un colapso que ha sido descrito por la comunidad como un ‘deporticidio’. El autor, con 62 años de periodismo, narra cómo la falta de intervención por parte de los dirigentes y la política ha permitido que la decadencia se acumule a lo largo de los años.

Deporticidio y violencia

El autor señala que la violencia ha sido un factor determinante en la caída de ambos equipos. Vandalismo, uso de armas de fuego, cuchillos y bengalas asesinas se han convertido en una amenaza constante para los aficionados. Los estadios, que antes eran lugares de celebración, ahora son escenarios de destrucción y miedo. La presencia de barras rivales se ha vuelto tan peligrosa que algunos clubes han tenido que vetar su entrada.

Historia de glorias y ruinas

Emelec, bajo la presidencia de Nassib Neme entre 2011 y 2022, disfrutó de una década triunfal: campeón en 2013, 2014, 2015 y 2017; subcampeón en 2011, 2012, 2018 y 2021; y tercero en 2019 y 2020. La institución mantenía sus deudas garantizadas por fideicomisos y un financiamiento estable. Sin embargo, en tan solo cuatro temporadas el club perdió su solidez financiera y deportiva.

Barcelona SC, por su parte, ha visto cómo su estructura se ha ido desmoronando. El autor recuerda que el club fue construido con esfuerzo y pasión, pero que la falta de liderazgo y la corrupción han permitido que el colapso avance de manera incontenible.

El clásico de 1956

El autor revive el clásico del Astillero de 1956, donde Emelec y Barcelona SC se enfrentaron en el estadio Capwell. Emelec contaba con jugadores como Daniel Pinto y Francisco Pugliese, y ganó el torneo con un sistema 4-2-4. Barcelona SC respondió con un equipo que incluía a Pablo Ansaldo y Luciano Macías. El partido, visto por 30.000 personas, terminó con un empate 2-2, y Emelec se llevó el título.

Conclusión emotiva

El autor concluye con una reflexión personal: “Fui al estadio por primera vez hace 74 años y desde entonces he visto pasar generaciones, héroes y derrotas”. Se despide con la frase: “Si cuando me acuerdo me pongo a llorar…”.